Cómo ser disciplinado

¿Te cuesta ponerte con esas tareas tan aburridas?

Vamos a ver si te suena esto: 

Tengo que hacer esa tarea que me da muchísima pereza, pero venga, va, que me pongo. Me siento en el ordenador, pero… espera un momentito que contesto un par de correos que dejé ayer pendientes y que de repente me parecen súper urgentes. 

Y bueno, parece que me ha entrado un poco de hambre, voy a picar algo primero que con el estómago vacío no se puede trabajar. 

¡Anda, mira, una notificación en el Facebook! Pues es Marta, la del cole, que comparte un artículo interesantísimo, voy a leerlo que no tardo nada. Y este artículo tiene un enlace a otro que no tiene mala pinta…

Bueno, venga, a trabajar. Lo malo es que lo que he comido me ha dado sed, y además parece que no arranco hoy. Me voy a poner un café. 

¡Uy, si me ha contestado Marta! A ver si hay más comentarios…

Así se te puede pasar la mañana, el día y la semana… Esto es la procrastinación: dejar de lado lo que tienes que hacer para dedicarte a otras tareas que te apetecen más. De repente, te vuelves súper productivo… en todo lo que no tienes que hacer. 

¿Hace falta que te explique por qué eso es un problema?

Hoy vamos a ver cómo ser disciplinado. ¡Abajo la procrastinación! Esa palabra que tanto nos cuesta pronunciar!!

 

Trucos para dejar de perder el tiempo hay muchos, pero si hay alguno milagroso, yo no lo conozco. Lo que sí hay son pequeños hábitos que, si empiezas a aplicar hoy mismo, te van a dar buenos resultados. 

Por ejemplo, te cuento el que mejor me funciona a mí. 

 

Lo difícil, primero

Yo esto lo tengo como norma, porque cuando tengo una tarea pendiente que es muy gorda, estoy muy incómoda. Es como una mochila de piedras que no te quitas de encima, y cuanto más tiempo lo dejes, más te va pesando.

Esa carga mental a mí me mata. Es que me siento fatal cuando sé que hay algo que debería estar haciendo y me escaqueo. Y mira, yo quiero sentirme bien en la vida. Así que mejor me quito de encima eso cuanto antes, y ya respiro tranquila, y luego el día me va mucho mejor. 

Esto tampoco lo he inventado yo, Es lo que en productividad se llama “comerse una rana”. Es decir, trágate primero lo más feo que tengas por delante. Hay un libro con ese título, de Brian Tracy, que te da varias ideas muy interesantes para dejar de procrastinar. 

 

Planifica

Aquí podemos entrar a hablar de diferentes tipos de planificación, a corto, medio y largo plazo, y nos podemos complicar todo lo que haga falta… pero vamos a lo más sencillo: no termines el trabajo del día sin organizar lo que vas a hacer mañana

Así, cuando empieces la jornada, solo tienes que ponerte con la primera tarea de la lista sin plantearte mucho más. Y ya hemos visto que la primera tarea es la “rana”, y así ya la dejas hecha. 

Además, si realmente es un trabajo que no te apetece, te da tiempo a mentalizarte y lo cogerás con un poquito más de entusiasmo. 

 

Ponte premios

A nadie le amarga un dulce, así que date pequeñas recompensas cuando consigas rematar ese trabajo pesado. En plan “venga, si acabo esto por la mañana, hoy me marcho media hora antes” o simplemente combinar lo que no te gusta con otra tarea que te guste más, así te vas motivando para hacerla. 

Igual que funciona la zanahoria, también funciona el palo. Es decir, puedes ponerte un pequeño castigo si no cumples con lo que tienes que hacer. Que tenerlo pendiente ya es suficiente castigo, desde mi punto de vista, pero si es algo muy gordo también puedes usar esto como motivación. 

Tampoco hace falta que te flageles, pero sí cosas pequeñitas como no leer hoy ese blog que te gusta tanto, o quitarte el café de media mañana. 

 

Crea subtareas

A veces las cosas nos dan pereza porque la tarea es demasiado grande, y no sabemos ni cómo meterle mano. Es tan grande que puf, no sé, ya lo pensaré mañana. Mejor hago esto otro que sí lo voy a poder terminar. Y lo vas dejando, dejando…

Aquí el secreto es dividir el trabajo en pequeñas tareas que sean realizables. Trabajitos de media o una hora que nos permitan avanzar y nos vayan desbloqueando el tema. Y media hora, por mucho palo que te dé, puedes sacarla. 

 

Crea hábitos

Si tienes alguna tarea recurrente que no te gusta, lo más normal es que la dejes pasar y al final tengas que darte un atracón de trabajo. Por ejemplo, llevar las cuentas al día, si eres un pequeño empresario, que al final terminas haciendo números la noche antes de que acabe el plazo con Hacienda. 

Para eso, crea hábitos. Reserva por ejemplo media hora todos los días para eso. Al principio te costará muchísimo trabajo, pero poco a poco lo irás integrando en tu planificación diaria. Con el tiempo ni te lo plantearás, y lo harás de forma natural.  

 

Sé realista. 

Muchas veces procrastinamos porque ya sabemos que no vamos a llegar. Hemos cargado el día de tareas y como no las vamos a hacer todas, priorizamos las que más nos apetecen. Porque total, es demasiado, es imposible hacer todo, y así al menos tenemos la falsa sensación de avanzar. 

Sé realista con tu tiempo y ponte objetivos realizables en el día. Vas a tener mil y unas maneras de no cumplir, pero al menos así es más posible que lo hagas. 

¡Ah! Y no sobrestimes tu productividad futura. Es como cuando estudiabas un examen la noche antes: sabes perfectamente que no te va a dar tiempo a prepararlo. Lo que hoy te va a llevar tres horas, no lo vas a hacer más rápido mañana. Dudo mucho que otro día estés más centrado o más inspirado. 

 

Evita las distracciones.

Sobre todo si haces un trabajo de oficina, quita el sonido al móvil, cierra las redes sociales y ni mires el correo. Si trabajas con más gente, avisa de que no te molesten, cierra la puerta o ponte unos auriculares. 

Cuanto más concentrado estés en lo que haces, más rápido lo terminarás. Y no se va a caer el mundo porque tardes un poquito en contestar ese mensaje, te lo aseguro. 

 

Hazlo público

Si tienes un objetivo realmente importante, compártelo. Con tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus redes sociales… una vez que lo sepa más gente, te preguntarán sobre ello y tendrás que dar explicaciones. Aunque solo sea por no quedar mal, lo harás. Siempre va bien tener esa motivación externa.

 

Usa un método

El más conocido probablemente sea el GTD, Get Things Done, que te permite apuntar las tareas para que no se olvide nada, categorizarlas, organizar prioridades y tener siempre la perspectiva de lo que estás haciendo. 

Es un poco más complicado de como te lo estoy contando, pero si quieres saber más…

Atento a mi canal porque en algunas semanas voy a dar el resumen de este libro “Getting Things done” de David Allen donde podrás aprender a usar este método.

Hasta aquí mis consejos para ser un poco más disciplinado y dejar de procrastinar. Hay muchos más, igual tú tienes alguno que te funciona súper bien, y me encantará que me lo dejes en los comentarios, por si puedo robarte alguna idea. 

Si quieres saber más de como yo misma organizo mi empresa y cómo planteo toda la estrategia de negocio, te invito a que te apuntes a esta formación gratuita pinchando aquí arriba. ¡Con eso se te van a poner las pilas seguro y se te van a quitar las ganas de procrastinar!

La semana que viene cambiamos de tercio y te voy a hablar de un libro que a mí me vino genial cuando empecé mi negocio: El libro negro del emprendedor. Ahí están casi todos los errores que deberías evitar en tu negocio, y estoy segura de que más de uno te va a sonar. Además voy a sortear un ejemplar, así que no deberías perdértelo. 

Hasta la semana que viene, muchos éxitos.

1 comentario
  1. Mariana
    Mariana Dice:

    Hola Judit

    Soy una procrastinadora PRO. Algo que me ha ayudado ¡y mucho! es la técnica Pomodoro

    Cada vez que me encuentro evitando comer la rana pongo en funcionamiento el «tomate». De hecho me he descargado una extensión de Chrome que me permite programar mis «tomatitos», me avisa cuando he cumplido y puedo tomar recreo y bloquea algunas páginas, como Facebook, cuando estoy en el período productivo.

    ¡Me encantan tus vídeos! Especialmente los bloopers del final :):):)

    Responder

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